¡Harô, Japón! Una sociedad de kimonos, samuráis, manga y anime

Ayako Koike - earres.com

Llegamos a finales del mes de mayo y vamos terminando el bloque de actividades que organizamos para primavera y abriendo boca para las que vendrán en otoño.

Después de hablar de China aquí con Antonio Arrés y de Corea del Sur aquí con Siung-Ah Sing Lee, para poner el broche final, volvemos esta vez a las páginas del blog con un texto de nuestra compañera traductora Ayako Koike, quien nos habla de Japón para cerrar el monográfico dedicado a Asia que celebramos en earres.com.
Ayako es licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Nacida en Japón, criada en España, traductora de manga y anime del japonés e inglés al castellano. La puedes encontrar en su twitter: @ayakokoike.

Al decir Japón, a todo el mundo le vienen mil imágenes a la mente: rascacielos, robots, personajes del manganime, templos, gente vestida de kimono, sushi, samuráis… En el fondo, estos tópicos típicos hablan de una realidad: un país que aúna por igual tradición y modernidad.

Japón es un país en el que hay muchísimas normas que hacen que el engranaje de lo social funcione a la perfección. Hay mucho respeto hacia el conjunto que conforma la sociedad, hacia lo público. Tal vez sea lo más complicado de entender.

Japón funciona como funciona porque es una sociedad estratificada, con rangos claros que afectan directamente al idioma. De hecho, una de las características más complicadas de dominar en la lengua japones es el uso del keigo, el lenguaje honorífico usado en el ámbito comercial y de respeto. Todas las empresas tienen sus propios manuales para saber cómo dirigirse a quién: usar solo el apellido si se trata de un trabajador de la propia empresa, fórmulas estipuladas de cortesía que no pueden faltar en el comienzo y final de una comunicación, etc. Ya desde el instituto se inculca ese proceder: alguien que está en un curso superior es un senpai (superior, mayor) al que hay que hablar, por defecto, de usted.

 

Collage Japón earres

Castillo de Himeji y Salida JR Shinjuku este.
Fuentes: asahi.com / blogs.yahoo.co.jp

 

El japonés es un idioma relativamente fácil de aprender en una fase inicial: fonéticamente es similar al castellano, carece de flexión verbal y nominal (en el mundo de la traducción, esto que parece una ventaja es una dificultad añadida: a veces no sabremos si se trata de alguien de sexo femenino o masculino). Por otro lado, es un idioma plagado de partículas que indican la función que cumple cada palabra. Determinados sufijos hacen que una frase sea afeminada, masculina o neutra. Alguna vez he conocido a extranjeros que han aprendido el japonés hablado con una fémina y su habla era de mujer y el caso contrario, mujeres que hablan un lenguaje masculinizado. De ahí que sea preferible aprender la forma neutra. Solo el pronombre personal yo tiene distintas formas de enunciarlo: watashi (neutro), atashi (femenino, informal), ore (masculino, informal), boku (masculino, juvenil), washi (masculino, viejuno), watakushi (más tirando a femenino, algo altivo), uchi (más bien femenino, informal) entre muchas otras.

Japonés earres.com

Escritura japonesa – Fuente: eigotown.com

El sistema de escritura japonés también es particular, pues está conformado por tres tipos de grafías: el kanji (ideogramas, procede del chino), el hiragana (silabario japonés) y el katakana (silabario usado para voces extranjeras y onomatopeyas), todos se escriben según un orden de escritura para los trazos. El Ministerio de Educación establece el número de kanjis que son considerados de uso común, los necesarios para poder leer la prensa sin problemas: 2136.

Volviendo a lo social, existe un concepto japonés, el llamado «tatemae» (fachada) contrapuesto al «honne» (franqueza). El tatemae se impone en la interacción social, es la forma de proceder que se espera, una forma de agradar al interlocutor llegando a las mentiras piadosas. El honne se reserva para el entorno más íntimo. Esta distinción de lo que se hace o se dice es lo que ha hecho que los oriundos del país del sol naciente se hayan ganado, en cierto modo, la fama de personas respetuosas y muy correctas a la vez que algo mentirosas. Pero en Japón todo esto no se considera como mentira, si alguien dice que por este concepto de tatemae se es mentiroso, muchos discreparán.

Toda esta complejidad va directamente ligada a la historia y se refleja en las ceremonias tradicionales pasando por las normas de etiquetas sociales como son las reverencias o el intercambio de tarjetas de visita. En un saludo apenas hay contacto físico y mucho menos en el mundo comercial. Las reverencias (no demasiado profundas) y la presentación de la tarjeta de visita son imprescindibles. Todo de una determinada forma, no vale con darlo de cualquier forma con una mano, por ejemplo.

Para viajar a Japón, es muy aconsejable sacarse el bono de Japan Rail, el JR pass. En cuanto al alojamiento, se puede sacar con antelación, evidentemente, sobre todo en aquellos sitios más peculiares adonde quieras ir sí o sí. Sin embargo, nosotros planificamos una ruta que podíamos hacer o no según el tiempo (meteorológico o disponible), es decir, algo imprevisible, con lo que solo reservamos alojamiento en el punto de partida. En las oficinas de información turística de las estaciones te buscan alojamiento si tuvieras problemas, en nuestro caso íbamos a tajo hecho a una cadena de hoteles que suele estar ubicada en la zona de las estaciones de Japan Rail y, al repetir en esa cadena (Toyoko Inn, pero hay más), íbamos obteniendo descuentos. Sin embargo, llegamos a un poblado pequeño, sin cadenas de hoteles y en la oficina nos buscaron un sitio donde quedarnos.

Tal vez lo que más imponga sea la escritura japonesa. Carteles, menús, avisos que, en cuanto te alejas de Tokio, ya no encontraremos el apoyo del rômaji (transliteración al alfabeto occidental) por defecto. Además, los japoneses son terriblemente tímidos para arrancarse a hablar en inglés, aparte de que en la mayoría de los casos pasa como en España: mucho libro de texto y poca práctica, la pronunciación es tan de allí que hablan un inglés que entienden los japoneses. Si te dicen harô, será hello. Mucho tiene que ver el uso de vocablos ingleses que, mediante el silabario katakana, se adaptan a la pronunciación japonesa convirtiéndose en palabras cotidianas.

Japón earres

Festival de Saijô – Fuente: asahi.com

Aunque todo esto no tiene que darnos miedo; casi todo el mundo estará dispuesto a ayudar. Es un país seguro como pocos, no en vano hay un puesto de policía en cada barrio donde se controla a todos los habitantes de la zona, aunque prácticamente no haya que recurrir a ellos ni dejándote un móvil en el tren. Es más probable que alguien lo haya entregado al personal de la estación.

Para terminar, como curiosidad: el año fiscal y académico empieza el 1 de abril, justo en la época del hanami (floración de los cerezos). Los períodos vacacionales suelen ser el Año Nuevo (Shôgatsu), la Semana dorada a principios de mayo (Golden Week), la Festividad de los Difuntos a mediados de agosto (Obon): será entonces cuando es imposible encontrar alojamiento.

¿Os han entrado ganas de viajar a Japón? ¡Pues el día 30 de mayo os acercaremos la cultura nipona con nuestra cata-taller de té y dulces japoneses, seguida de un curso de introducción al japonés. ¡La inscripción ha tenido un éxito rotundo y seguro que repetimos después de verano!

¡Nos vemos en earres.com para disfrutar de más actividades asiáticas. Te recordamos que si quieres proponer alguna, te dirijas a nuestro correo electrónico. Arigato!

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