Del fansubbing a la subtitulación profesional

subtítulosEn primer lugar, debo señalar que esta entrada se dirige más al público en general que a los profesionales de la traducción, que sin duda ya habrán escuchado batallar a los traductores audiovisuales acerca de las (surrealistas) condiciones en las que subtitulamos y entienden nuestra problemática de ausencia de referencias y restricción de caracteres a la perfección.

 

Por otra parte, no pretendo aquí sentar cátedra sobre lo que se hace y cómo se hace. Esta entrada se basa en mi experiencia profesional como subtituladora freelance, que no es sino una pequeña parte del pastel del subtitulado hacia al español (de España) de títulos (muy) comerciales para cine, televisión y DVD.

 

Largo y tendido se ha hablado sobre el subtitulado amateur o fansubbing (si os interesa, os recomiendo leer esto, estoestoesto y esto), y más numerosos y acalorados aún son los debates doblaje vs. subtitulación profesional. Ambas cuestiones me entusiasman por varios motivos; quizá es porque creo que todas las opciones pueden convivir en paz y armonía, y son necesarias. Para mí es como debatir si debe desaparecer la mandarina porque se parece a la naranja y además es más pequeña. Cada modalidad tiene su finalidad y, si bien siempre tendremos una preferencia personal, la pluralidad hace que nuestro oficio y nuestro servicio llegue a más usuarios. ¿La traducción no se trataba de comunicar mensajes entre individuos que no se entienden?

Del fansubbing a la subtitulación profesional (o “los que no cobran” vs. “los que cobran”)
La ciencia avanza que es una barbaridad. Y con ella la tecnología. Y con ella nuestras ganas de ver lo que sea antes que nadie y comentarlo en Twitter rozando el spoiler. Aquí es donde entra un segundo debate: ¿calidad o inmediatez? Me atrevería a decir que, gracias a la difusión del fansubbing y a la incorporación de estudiantes de titulaciones relacionadas con los idiomas y con los conocimientos técnicos necesarios, que ven en esta práctica un campo de pruebas donde adquirir experiencia (y sentirse realizados, claro que sí), la calidad del subtitulado amateur mejora a pasos agigantados.
fansubEjemplo de fansubbing o subtitulación amateur.
Sin embargo, el público no siempre valora el esfuerzo de estos (no) profesionales, que recordamos trabajan por amor al arte de traducir, y aprietan las tuercas cada vez más, con lapidarias expresiones como estas (extraídas de Twitter):
A ver si los traductores se ponen las pilas con los subtítulos que ya me estoy bajando el nuevo capítulo de XXX.
Alianza para unos traductores de películas decentes
 
o la mejor, sin duda:
Estos pinches traductores de películas están por la verga. ¡Por la verga, les digo!
Como pequeño recordatorio al público interesado, no por mucho apretar el subtítulo es más temprano…
Por suerte, parece que yo, al cobrar por mi trabajo, pertenezco al elitista grupo de los “intocables” para la audiencia. Mentira cochina. Si en el fansubbing critican la calidad, en el subtitulado profesional se quejan, con más razón aún, de esa misma calidad, y de paso aprovechan para recordarnos que somos muuuuy lentos. En definitiva, como parece que a muchos no le queda claro el proceso integral de traducción de los subtítulos, y algunos no conocen las magníficas condiciones de trabajo del subtitulador, aquí os presento en pequeñas entregas el vademécum del subtitulador profesional. Porque yo lo valgo.

 

¿De dónde salen los subtituladores?

 

La realidad es que no nacemos en el campo y nos recogen en ramilletes. Los subtituladores profesionales somos expertos en una lengua extranjera y en la nuestra propia. Con esto quiero resaltar que no sólo debemos procurar comprender todos los giros, acentos, juegos de palabras y demás palabros que escuchamos en un material multimedia totalmente imprevisible, sino que nuestra redacción en el idioma meta debe ser pluscuamperfecta. Podéis entender que, si en el caso de la traducción para doblaje, debemos dar unas indicaciones lingüísticas correctas y exactas, más mimo incluso tendremos que poner en un texto que vemos escrito, a un tamaño considerable y que admite comparaciones con el original. ¡Ahí es !

 

Además, la práctica del subtitulado requiere unos conocimientos técnicos adicionales, que no sólo implican el dominio de herramientas para la edición del texto, sino también el uso de aplicaciones de audio y vídeo combinadas con el texto. Por lo tanto, nos exigen, como es lógico, que sepamos traducir, y se presupone que venimos de fábrica con las prácticas de spotting, ajuste, visionado y un largo etcétera.
En el mercado comercial freelance existen dos posibilidades: trabajar con tus propias herramientas o con aplicaciones suministradas por las agencias o distribuidoras. Por mi experiencia, cuanto más grande es la empresa, más organizada está, y menos margen de maniobra deja al traductor. Por un lado, tenemos la ventaja de no tener que preocuparnos de crear un flujo de trabajo propio, porque nos lo dan todo pautado; como rasgo negativo, debemos estar abiertos continuamente al uso de herramientas nuevas (que suelen ser incompatibles con todo lo existente en este planeta). Esta característica es la que precisamente debería empujar a la docencia de la traducción audiovisual a “enseñar a pescar” al alumno, más que hacerlos expertos en una única aplicación. Y hablando de enseñanza-aprendizaje de la práctica del subtitulado, en la actualidad, existen numerosos centros reglados y no reglados para la enseñanza del subtitulado profesional. Van desde lo más técnico y específico (yo imparto un curso de subtitulado inglés-español y francés español aquí) hasta la integración de esta disciplina en un máster oficial. Si estás interesado, no te resultará difícil encontrar la formación que mejor se adapte a tus necesidades.

 

 

De lo general a lo particular

 

¿De qué es especialista el subtitulador de cine y televisión? De todo y de nada. Como subtituladora, pasan por mis manos encargos de todo tipo: anuncios comerciales de empresas, manuales de instrucciones interactivos, documentales, extras y comentarios del director, capítulos de series, escenas eliminadas… No sólo debemos estudiar y recordar las pautas para la traducción de cada tipología, sino que cada encargo tiene unas características propias, las de la lengua oral, que hoy está más viva que nunca. Pues sí. Hoy estoy dando personalidad y voz a los personajes de una película de dibujos animados; mañana tendré que investigar sobre tecnicismos instrumentales, porque tengo que subtitular el making-of de un concierto; y pasado me toca la peli comercial de coches más cool del momento (toca slang fijo). ¿A que sería más fácil que cada uno subtitulara lo que le apasiona y lo que más conoce? Pues no te va a tocar subtitular solo pelis de Michael Fassbender, que lo sepas (y a lo mejor acabas visionando uno o dos conciertos de Justin Bieber si te pones bravo…).

 

Por lo tanto, cuando los admiradores de grandísimas sagas de series o películas, que conocen al dedillo hasta cómo se llama la bisagra de esa nave o el Pantone del color del pelo de ese elfo, afirman categóricamente que ellos podrían hacerlo mejor que yo, tengo dos opciones:
    1. Reconocer mis limitaciones y no aceptar ese tipo de encargos. Lo he hecho en más de una ocasión por ética profesional, ineptitud personal y ausencia total de rentabilidad.
    2. Intentar ponerle todo mi corazón y mi cerebro, y hacerlo lo mejor posible dentro de los límites temporales y mentales, en estos encargos y en todos los demás, esperando que las estresantes horas de estudio exprés de los 500 foros que existen sobre esa novela llevada al cine para empezar a subtitular ¡ya! hayan dado un fruto al menos aceptable para la audiencia.

 

Un poco de allí y un poco de allá

 

En este mundo globalizado, altamente tecnificado y blablablabla, todo se reduce a: time is money! ¿Que tenemos una temporada completa para DVD? ¿Por qué esperar a que un único traductor que haya subtitulado las temporadas anteriores se encargue de ello? ¿Para qué? ¡Eso es el camino fácil! Mejor ponemos a tres traductores (con experiencia o no en esta serie), dos revisores y dos “visionadores” para todo y vamos que nos vamos. Una mañana me levanto y tengo una asignación de un tema que desconozco por completo y, en mi trabajo de subtitulado, tan sencillo a ojos de los demás, entra también ver algo relacionado con el encargo que se haya hecho en el pasado (episodios en otros idiomas, películas antiguas, tráilers, póngaseaquíloqueproceda). Después de volverme loca durante muchos años, he decidido curarme en salud: soy una friki del cine y de la televisión. Me lo veo todo. Todo lo comercial, claro. Me levanto viendo series de asesinos y me acuesto con vampiros (no literalmente, pero alguno ya está avisado).

 

Es cierto que no subtitular el DVD completo con todos sus extras, juegos, ruidos y demás es el peor de los casos, pero suele ocurrir con frecuencia. De ahí que el contacto entre los miembros del equipo y el seguimiento de una pautas de consistencia para cada encargo sea crucial (hablaremos de la parte técnica en próximas entregas).

 

Recordatorio importante: errar es de humanos vs. si quieres voy y te digo cómo hacer tu trabajo

 

La práctica del subtitulado, al igual que la traducción para doblaje o la traducción literaria, hacen que el traductor sea más visible que nunca, por el alcance y la difusión de su trabajo. No creo que nadie se acuerde de mi madre si encuentra un fallo  ortográfico en un manual técnico de instalación de una perforadora industrial, pero si el giro que ve escrito en pantalla no le gusta… ¡Ay! ¡Tierra trágame!

 

Cuando subtitulo me siento árbitro de primera división: hago mi trabajo lo mejor que puedo para que una masa encolerizada profiera insultos y afirme que hasta sus hermanos pequeños (de todos) podrían hacerlo mejor. Pese a que la traducción para subtitulado no es un trabajo tan espontáneo, también tenemos una gran presión temporal, desconocimiento de lo que pasó antes o después de que llegara a nosotros ese encargo y, lo que es más importante, tenemos un cerebro humano.

 

Si os paráis a pensar esto, es como exigir a un pintor que tenga listo un cuadro en un día todos los días de su vida, y que todos sean Picassos.

 

La imagen y el texto audiovisual no caben en un subtítulo, y la tarea de plasmar la idea en un espacio reducido con la mejor creatividad no siempre es posible. A veces las musas no aparecen por ningún lado por más que las buscas y tienes uno, dos, tres días para desarrollar todo el proceso. Pero… Show must go on!

 

¿Quieres saber más? ¿Te ha picado el gusanillo? Pues espera a la siguiente entrada, donde hablaremos de tareas y perfiles dentro de la traducción audiovisual. ¡Hasta pronto!

Deja un comentario